Suele decirse que el culto al cuerpo es algo reservado para los superficiales, que sólo buscan una bella figura en el espejo, pero lo cierto es que las ansiadas tabletas de chocolate, aspiración (a veces eterna) para algunos, se convierte en el objetivo más preciado para cientos de hombres. Su descubrimiento y mantenimiento, el fin más buscado. Otros, en cambio, arrojan la toalla cansados de tanto ejercicio y se marchan en busca de la operación.