En 1932, Cebreros seguía siendo el pequeñísimo pueblo de Ávila que es aún hoy. En él, las familias comenzaban a dividirse políticamente mientras los tambores de guerra comenzaban a escucharse por sus veredas. La familia Suárez acababa de ver llegar al mundo a su último hijo, que recibiría el nombre de Adolfo y que cambiaría la España en la que vivían.
Con la llegada de la Guerra Civil, los Suárez tuvieron que emigrar hacia la capital abulense para evitar los conflictos familiares en una localidad tan pequeña como Cebreros. A pesar de criarse en una familia republicana, las convicciones religiosas de la familia Suárez tampoco podían obviarse. Así, el joven Adolfo incluso plantea su ingreso en un seminario, aunque prefiere matricularse en la Universidad de Salamanca para estudiar Derecho, carrera que compatibiliza con el negocio familiar que sus progenitores han abierto.
Suárez, por motivos familiares, está decidido a abandonar sus estudios, aunque el destino se le cruza en el camino. Uno de sus profesores, enfadado por la decisión que el joven Adolfo parece haber tomado, se pone en contacto con su amigo Fernando Herrero Tejedor, gobernador civil de Ávila y principal valedor de la carrera política de Suárez, al que le pide que cuente con el joven Suárez para que no abandone sus estudios. En este momento se inicia la vida política del hombre que cambiaría la historia de España.
Fernando Herrero (padre del periodista y ex eurodiputado del Partido Popular Luis Herrero) le propone a Suárez ser su secretario y comenzar su carrera política a su sombra. Suárez acepta. Comenzará su andadura con lo burocrático, con lo político, con las relaciones. Sus caminos se mantendrían unidos y muy vinculados hasta que Adolfo Suárez es propuesto para ser presidente del Gobierno, ya tras la muerte del General Franco.
Herrero Tejedor es nombrado, sucesivamente, Gobernador de Logroño, Delegado Provincial de las Secretarías del Movimiento, Vicesecretario General del Movimiento y Fiscal del Tribunal Supremo. Suárez siempre se mantuvo a su lado, aunque durante unos años fue elegido procurador en las Cortes primero por Ávila y luego por Segovia, cargo que cambiaría su vida.
AMISTAD CON EL REY
Paralelamente a su desarrollo, el Príncipe de Asturias, Juan Carlos de Borbón, es declarado heredero del régimen directamente por el General Franco, comenzando el futuro Rey de España una serie de viajes por toda la geografía nacional. En uno de esos viajes coincidirá con Suárez, del que ya tiene buenas opiniones (el futuro monarca y Herrero Tejedor mantenían muy buenas relaciones) y con el que conformará una pareja que cambiará el Estado.
De hecho, en el mismo momento en que los destinos de Suárez y del futuro Rey conectan, la proyección política del de Cebreros es inmediata y explosiva. Es nombrado en 1969 director general de RTVE, cargo desde el que ayudará a Juan Carlos de Borbón para adquirir la mejor imagen posible en una época en la que el problema sucesorio está presente, sobre todo tras la boda de la nieta del General Franco, Carmen Martínez Bordiú, con Alfonso de Borbón, primo del futuro Rey.
Suárez y el Príncipe de Asturias realizan reuniones periódicamente y mantienen conversaciones casi a diario. De hecho, existe una anécdota, no confirmada por la Casa Real, en la que Suárez le habría entregado al actual Rey, tras una comida en Segovia, una servilleta de un restaurante con las líneas básicas de su posible reforma política. Años más tarde, aunque parece ser sólo una leyenda, Juan Carlos le entregaría la misma servilleta cuando convoca a Suárez para proponerle que sea presidente del Gobierno.
La salud del Caudillo sigue empeorando y los golpes que sufre el Estado, sobre todo a manos de la ETA, condicionan la política interior y la concepción de la misma por parte del Príncipe de Asturias y del propio Suárez. Tras la muerte de Carrero, Arias Navarro es designado presidente del Gobierno, aunque Juan Carlos de Borbón sabe que, cuando reine, no contará con él. El 20 de noviembre de 1975, Francisco Franco fallece en El Pardo, dando paso a una época que cambiará el resto de la historia de España.
Suárez comienza a adquirir más relevancia política y la idea de Juan Carlos, apoyada por su mentor y otro de los nombres clave dentro de la Transición, Torcuato Fernández Miranda, es darle cada vez más importancia dentro del Estado. Es nombrado ministro secretario general del Movimiento en el primer gobierno de Arias Navarro, por lo que su ascenso está a falta de los últimos pasos. El 9 de junio de 1976 es una fecha clave en la vida de Suárez. El Congreso debate la Ley de Asociaciones Políticas, fundamental para la reforma ideada por Suárez y por Juan Carlos de Borbón. Suárez cita unos versos de Machado, poeta republicano y repudiado durante casi cuarenta años por toda España, en su alocución, lo que sorprende a propios, a extraños y, sobre todo, al propio Rey.
PRESIDENTE DEL GOBIERNO
El gobierno de Arias Navarro está casi muerto y el Rey le fuerza a que dimita. Suárez sigue sumando adeptos dentro del Estado y las recomendaciones directas al Rey hacen que éste, además amigo personal del político de Cebreros, le propone que configure el segundo gobierno tras la muerte del Caudillo. Suárez, desde el primer momento, le hace ver al Rey que hace falta cambiar las reglas del juego político en España, que el Régimen debe desaparecer, los partidos ser legalizados y celebrarse, cuanto antes, elecciones democráticas, algo que no sucedía en España desde 1936.
La Reforma Política se lleva a cabo gracias a un consenso entre el franquismo más moderno y el más antiguo, sabedor de que su vida política está llegando al final. La ayuda del general Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno, y de Torcuato Fernández Miranda, presidente de las Cortes, es fundamental. El franquismo se ha hecho el harakiri y ahora el próximo objetivo es la legalización de todos los partidos, incluido el Partido Comunista.
En ese momento, Suárez comienza una serie de reuniones con todos los líderes políticos para conformar el nuevo marco político nacional. Los más complicados de convencer son Santiago Carrillo y Felipe González, aunque ambos asumen la Corona y la bandera nacional, sin pretensiones republicanas, a cambio de la legalización y de unas elecciones libres y democráticas. Con todos los partidos legalizados (el proceso terminó un Jueves Santo con la legalización del PCE, hecho que le traería bastantes problemas a Suárez con el poder militar), Adolfo Suárez funda Unión de Centro Democrático (UCD) y se presenta a las primeras elecciones generales democráticas tras 41 años en 1977. Y, afortunadamente para el futuro español, UCD las gana.
EL OCASO
Afortunadamente para UCD, pero no para Suárez. La victoria en las elecciones del 77, que tenían que configurar el nuevo mapa político y que acaban con la redacción y la aprobación de la Constitución dio paso a la nueva convocatoria de elecciones generales para 1979. En ellas vuelve a ganar Suárez y su UCD, pero el fin de su éxito político está cerca. Suárez ya no es la mano derecha del monarca, que sabe que no puede compartir los mismos secretos, los mismos comentarios y la misma confidencialidad con el que ahora es presidente democrático y que no puede involucrarse en política de la misma forma. Las relaciones con la Corona son diferentes y éstas, además, comienzan a tener demasiadas durezas.
El gobierno de 1979 a 1981 es complicado. La UCD se rompe desde dentro y existen muchos movimientos para que Suárez dimita, algunos de ellos provocados e incitados desde la propia Casa Real. En 1981, Adolfo Suárez no puede más. Su presente político parece acabado y, por el bien de España, según él mismo dice, decide abandonar y presentar la dimisión. Leopoldo Calvo-Sotelo es elegido presidente del Gobierno, aunque ante Suárez vivirá su peor día político el 23 de febrero, en plena investidura de Calvo-Sotelo, con el golpe de Estado del teniente coronel Antonio Tejero.
Tras superar el golpe de Estado, en el que el Rey tiene su principal labor política en treinta años, Suárez pasa a un segundo plano. Su idea sigue siendo la de cambiar el país en el que vive y que él mismo ha modificado desde dentro. Por ello crea Centro Democrático y Social (CDS), con el que concurre a las elecciones hasta 1993, cuando ya no consigue su acta de diputado.
Actualmente, el Duque de Suárez, Grande de España, es un hombre mayor, enfermo de Alzheimer y cansado tras recibir muchos golpes en la vida. Políticos y familiares, sobre todo tras la pérdida de su mujer, Amparo Illana, y de una de sus hijas, Mariam, ambas víctimas del cáncer. Tras unos años complicados, la concesión del Toisón de Oro por parte del Rey le otorgó otro momento dulce, aunque ni él mismo se acuerde de su entrega. Al menos, España lo tendrá siempre en la memoria como el hombre que, junto al Rey y a Torcuato Fernández Miranda, fue capaz de modificar el Estado que conocía y convertirlo en el que deseaba. Él, ellos y la mayor parte de los españoles.